Lo que tiene volver a escribir después de un tiempo más o menos largo de no escribir
(entre todas las cosas que tiene)
es que uno, yo, vos, uno, escribe cargando demasiado peso.
Está lo que está bien y lo que está mal.
Lo que se debe y lo que no se debe.
Lo que te acerca a ser un escritor y lo que te aleja de serlo.
Durante el tiempo de la no escritura, estas dos entelequias
(¿está bien usada la palabra entelequia? Entelequia. Entidad. Estas dos entidades.)
estas dos entidades, que durante el tiempo anterior, el tiempo de la escritura, no voy a decir que no existían pero se encontraban al límite de la no existencia, infinitesimales [Esto es mentira; nunca se encontraron al límite de la no existencia; siempre estuvieron ahí pero jodiendo poco] fueron creciendo, prosperando, acrecentándose al punto de ocupar casi todo el espacio sin dejar prácticamente nada de lugar para la escritura.
[Todos estos corchetes podrían evitarse si yo encontrara una manera más o menos cómoda de poner enlaces a notas al pie. La nota al pie en un blog sin un enlace apropiado me parece de lo más incómodo que hay para el lector. Así es más fácil: el que no quiera leer las notas, que se saltee los corchetes.]
Así es como escribir, lo que era en una época una tarea placentera y amigable [También mentira], se va convirtiendo en algo trabajoso, algo demasiado parecido a hacer fuerza, a empujar, a tratar de abrirse espacio para respirar en un lugar completamente, o casi completamente, ocupado por dos globos enormes que nos asfixian.
Con lo cual dan cada vez menos ganas de entrar a la escritura.
Sin embargo, volvemos a arremeter, porque la escritura, enteramente ocupada por los dos globos, ejerce una atracción constante (una atracción que está formada por una cantidad de sentimientos y emociones de lo más diversos y contradictorios, entre los que no están ausentes la inseguridad, el ego y la pila de neurosis que nos llevan de la mano por la vida) que no nos deja en paz. Mientras no escribimos [actividad a la que le dedicamos casi todo el tiempo] no hacemos otra cosa que pensar en escribir: que no estoy escribiendo, que tendría que estar escribiendo, que cuánto hace que no escribo. Cagándonos la vida, porque la pasaríamos mucho mejor si nos dejáramos de joder con eso de escribir. Hasta que, de tanto en tanto, volvemos a tomar carrera y nos mandamos a la habitación. La mayor parte de las veces rebotamos en la puerta; a veces podemos penetrar un poco antes de ser expulsados otra vez, fuera de la escritura.
Lo primero que habría que hacer es encontrar un punto débil y reventar los dos globos para que las dos masas purulentas que los llenan, a las que llamamos lo que está bien y lo que está mal, caigan, se mezclen, inunden la escritura, y trabajar con esa mezcla mugrienta como cuando éramos bebés y trabajábamos con caca, porque era lo único que teníamos para trabajar, igual que ahora, es lo único que tenemos para trabajar.
Y sobre todo para que la presión disminuya porque así no se puede vivir.
Mostrando entradas con la etiqueta parálisis. Mostrar todas las entradas
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domingo, 22 de julio de 2012
miércoles, 27 de junio de 2012
Regreso
Me anoté en una cosa esa que publica las entradas del blog automáticamente en Facebook y ésta decidió por mí publicar lo último que escribí hace dos años. Eso es lo que hacen las cosas automáticas. Actúan automáticamente. No te consultan nada. Así que ahí vamos.
Empecé a escribir este blog con la idea de que fuera un cuaderno de notas, lo mismo que antes hacía en un cuaderno pero en la Internet, para tenerlo a mano en todos lados y por si a alguien le resultaba útil algo de lo que se me ocurría.
Después lo abandoné como dos años.
Yo cada vez que escribo algo, después hago un tiempo largo de penitencia.
Esta vez la penitencia duró demasiado. Siento los músculos entumecidos. Falta de entrenamiento.
Todo lo que escribo me parece mal. Ya sé que es una sensación.
Pero ya ven cómo estoy escribiendo cortito. Oraciones cortas. Para no desbarrancar. Cosa que siento que puede suceder en cualquier momento.
Así es como, después de dos años, regreso al blog como una forma de entrenamiento.
Ya probé entrenar en privado pero no me resultó. Después de un tiempo me aburro y abandono.
El tema principal sobre el que pienso escribir es sobre las trabas al proceso creativo, el bloqueo, el autoboicot, la parálisis. Y cómo combatirlos. Si es que es posible. Y hasta donde es posible.
Las cuestiones que me ocupan habitualmente
Podría escribir páginas justificándome. Pero no voy a hacerlo. La justificación es uno de los recursos más anticreativos que existen.
Desde ya que todo es relativo. Esa es una de las trampas que suelo tenderme. Escribo, por ejemplo, "La justificación es uno de los recursos más anticreativos que existen", e inmediatamente me pregunto ¿es cierto esto que acabo de escribir? No sé si es tan verdad. La verdad es que muchas veces la justificación requiere poner en juego una gran dosis de creatividad. Sí, pero la justificación es un medio para encontrar excusas para no moverse. Para no corregir un error. Pero crear excusas es también crear. Es también moverse. De hecho, decís que podrías escribir páginas justificándote y elegís no hacerlo. Poder escribir páginas y decidir no hacerlo es mucho menos creativo que justificarse. ¿Por qué no escribir páginas de lo que sea?
Además ¿recurso? ¿Por qué recurso? ¿Vos decís que la justificación es un recurso?
Bueno, recurso, comportamiento, lo que sea.
Y ahí empiezo a pensar qué mal estoy escribiendo, cómo puede ser que escriba tan mal, y se me viene el alma al piso y me voy a hacer otra cosa.
Lo peor de todo es que ni siquiera me considero más neurótico que la mayoría de la gente que conozco.
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